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Una escalera volada (la típica “que parece flotar”) puede quedar espectacular… pero no es una solución universal. La clave no está en la estética, sino en cómo se resuelve la estructura, qué uso va a tener y qué límites tiene el espacio.

Si estás valorándola para una vivienda o un local, esta guía te ayuda a decidir con criterio: qué es exactamente, cómo se sostiene de verdad y en qué casos conviene replantearla antes de meterte en obra.

Qué es una escalera volada (y qué NO es)

Una escalera volada es una escalera en la que los peldaños trabajan en voladizo, dando la sensación de que salen de la pared sin apoyo visible. A veces hay una barandilla que también “ordena” el conjunto, y otras veces el protagonismo es totalmente del vacío.

Lo importante:

  • No es “una escalera sin estructura”. La estructura existe, solo que no se ve o está integrada.
  • No es lo mismo una escalera volada que una escalera ligera con estructura metálica vista.
  • Tampoco es lo mismo una escalera “volada” en renders que una solución real montada sobre un soporte existente.

En proyectos a medida, el diseño se ajusta a lo que permite la vivienda (o a lo que se está dispuesto a modificar). Y ahí es donde la mayoría se equivoca: eligen primero la foto y luego intentan forzar la realidad.

Cómo se sujeta una escalera volada en la práctica

Aquí es donde se separa lo bonito de lo viable. La pregunta correcta no es “¿queda bien?”, sino “¿dónde anclamos y cómo trabajará la carga?”

La pared manda: soporte, refuerzo y “lo que hay debajo”

En la práctica, lo más habitual es que el sistema dependa de:

  • Tipo de muro (hormigón, ladrillo macizo, tabique, trasdosado…).
  • Estado del soporte (fisuras, huecos, reformas anteriores).
  • Posibilidad real de reforzar (sin destrozar media vivienda).

Sobre el papel, casi todo “se puede”. En obra, muchas veces lo que decide es si hay estructura suficiente o si toca ejecutar un refuerzo serio.

El anclaje de los peldaños no es un detalle, es el corazón

El peldaño volado no solo “aguanta”. También tiene que:

  • No vibrar ni flexar en exceso al pisar.
  • Mantener tolerancias (alineación, nivel, separaciones).
  • Trabajar bien con el acabado final (madera, metal, compacto, etc.).

En escaleras voladas, los errores no suelen verse el día 1: aparecen en forma de holguras, ruidos, micro-movimientos o sensación de inseguridad con el uso diario.

Barandilla: no es solo seguridad, también estabilidad y lectura visual

Hay proyectos donde la barandilla “cierra” el conjunto y aporta sensación de rigidez. Y otros donde se busca máxima limpieza visual y se complica todo porque no quieres “nada” que se vea.

Aquí conviene ser honesto con el uso:

  • Si hay niños, personas mayores o mucha circulación, la barandilla deja de ser estética y pasa a ser funcional.
  • Si el espacio es muy abierto, una barandilla bien resuelta puede hacer que la escalera se perciba más segura sin “pesarla”.

Requisitos mínimos antes de decidirte

Si tuviera que resumirlo en criterios de decisión (sin vender humo), serían estos:

Espacio y ergonomía real

Una escalera volada puede parecer ligera, pero eso no significa que sea más cómoda. Lo que manda es:

  • Huella y contrahuella (comodidad al subir/bajar).
  • Altura libre y posición de arranque.
  • Si habrá giros, descansillos o cambios de dirección.

En viviendas reales, el problema típico no es “que no quepa”, sino que para que quepa hay que comprometer ergonomía. Y eso se paga cada día.

Uso diario y perfil de quien la va a usar

No es lo mismo:

  • Una escalera “de paso” a planta superior que usas 2 veces al día.
  • Una escalera central que cruza toda la vivienda y la usa todo el mundo.

Si se va a usar mucho, merece la pena priorizar:

  • Sensación de firmeza al pisar.
  • Seguridad al bajar (donde suelen venir los sustos).
  • Barandilla y pasamanos si el contexto lo pide.

Reforma: qué estás dispuesto a tocar de verdad

Este punto es el más ignorado. Muchos proyectos se deciden sin tener claro:

  • Si se puede abrir pared, reforzar o integrar estructura.
  • Si hay instalaciones (eléctricas, climatización) que condicionan.
  • Si el acabado final requiere obra adicional (remates, falsos techos, pavimentos).

En resumen: una escalera volada es “limpia” a la vista, pero no siempre lo es en obra.

Ventajas reales (sin exagerar)

Cuando está bien planteada, una escalera volada aporta:

  • Sensación de amplitud (entra más luz y el espacio respira).
  • Un punto de diseño muy potente sin recargar.
  • Integración elegante con estilos modernos o minimalistas.

Pero el beneficio principal no es “queda más bonita”. Es que puede ordenar visualmente un espacio que de otra forma se vería más pesado.

Cuándo NO la recomendaría sin replantear el proyecto

Hay casos en los que la escalera volada se intenta imponer y salen problemas:

Si el soporte no es viable y no quieres refuerzo

Si la pared no acompaña y no hay margen para reforzar, la solución se convierte en un parche. Y una escalera no puede ser un parche: se pisa todos los días.

Si buscas “cero obra”

La idea de “instalación rápida y sin tocar nada” suele chocar con la realidad. En escaleras voladas, el trabajo invisible suele ser el más importante.

Si el uso exige mucha seguridad y quieres estética extrema

Se puede buscar limpieza visual, sí. Pero si la escalera va a ser muy transitada, el diseño tiene que equilibrarse con seguridad y comodidad.

Cómo avanzar sin equivocarte (paso lógico)

Si ya tienes claro que te interesa este tipo de solución, lo más útil no es elegir el modelo “más bonito”, sino validar viabilidad:

  1. Revisar estructura/soporte y condicionantes del espacio.
  2. Decidir nivel de “ligereza visual” realista (sin comprometer uso).
  3. Definir barandilla y acabados desde el principio, no al final.

A partir de ahí, ya tiene sentido mirar opciones y configuraciones de escaleras voladas.

Qué información conviene tener lista antes de pedir propuesta

Para que una propuesta sea seria (y no una cifra al aire), ayuda mucho tener:

  • Medidas básicas (altura, hueco, ancho disponible).
  • Tipo de pared o estructura existente (si se conoce).
  • Uso previsto (vivienda habitual, segunda residencia, local…).
  • Preferencia de acabado (madera, metal, combinación).
  • Necesidad o no de barandilla.

Si te interesa ver soluciones reales antes de decidir, puedes agendar visita a la exposición de Sant Boi de Llobregat o Exposición Vilassar de Dalt para comparar sensaciones, acabados y niveles de “ligereza” en vivo.