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Cuando se habla de instalar un elemento de cristal sobre una puerta, la seguridad suele ser la primera preocupación. Es lógico: se trata de un material transparente, expuesto al exterior y colocado justo sobre una zona de paso. Sin embargo, bien planteadas, las marquesinas de cristal son soluciones seguras y estables, siempre que se diseñen y se instalen con criterios técnicos adecuados.

El problema aparece cuando se valora la seguridad solo desde el aspecto visual y no desde cómo trabaja realmente el conjunto.

El tipo de vidrio marca la diferencia

No todo el cristal es igual. En una marquesina exterior no se utiliza vidrio convencional, sino vidrio de seguridad, normalmente laminado. Este tipo de vidrio está compuesto por varias capas unidas entre sí, de forma que, en caso de rotura, los fragmentos quedan adheridos y no caen.

Esto es clave en un elemento situado sobre una puerta. El objetivo no es solo que el cristal sea resistente, sino que su comportamiento ante un impacto o una sobrecarga sea previsible y controlado.

Anclajes y fijaciones: la parte que no se ve

Una marquesina de cristal no es solo el vidrio. El sistema de anclaje es igual de importante, aunque quede oculto o pase desapercibido. Herrajes, soportes y puntos de fijación deben estar diseñados para trabajar con cargas reales de viento, peso y uso continuado.

Cuando estos elementos están bien dimensionados, el conjunto se comporta como una pieza sólida y estable. De hecho, es aquí donde se aprecia la diferencia entre soluciones genéricas y marquesinas de cristal pensadas específicamente para exterior.

¿Existe normativa para este tipo de instalaciones?

Aunque no siempre se perciba así, las marquesinas de cristal deben cumplir con normativa básica relacionada con el uso de vidrio de seguridad y con la correcta fijación a la estructura del edificio. Esto incluye criterios sobre resistencia, comportamiento del material y seguridad en zonas de paso.

No se trata de que el usuario tenga que conocer la normativa al detalle, sino de asegurarse de que la solución elegida la tiene en cuenta desde el diseño. Especialmente en accesos muy transitados, este aspecto es fundamental.

Seguridad a largo plazo: más allá del primer día

Una marquesina puede parecer segura recién instalada, pero la verdadera prueba llega con el paso del tiempo. Cambios de temperatura, viento, lluvia y uso diario ponen a prueba tanto el vidrio como los anclajes.

Por eso, cuando se trata de proteger accesos, optar por marquesinas de cristal para puertas diseñadas para ese uso concreto ofrece una mayor tranquilidad. No solo por cómo se ven, sino por cómo se comportan año tras año.

Transparente no significa frágil

Existe la idea de que el cristal es sinónimo de fragilidad. En realidad, en aplicaciones constructivas bien resueltas ocurre justo lo contrario: el cristal aporta ligereza visual, pero la seguridad depende del conjunto técnico que lo acompaña.

Cuando vidrio, fijaciones y diseño trabajan de forma coherente, la marquesina cumple su función sin generar preocupaciones innecesarias. Y esa sensación de seguridad, aunque no siempre se vea, se nota en el uso diario.